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Alguien por fin lo hizo

Por BitCar

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En estos 26 años que tengo ya como periodista especializado, he tenido oportunidad de conducir cientos (si no es que miles) de autos con todo tipo de enfoques: desde los más baratos e incluso malos, como los primeros Faw que llegaron a México, hasta verdaderas joyas de la ingeniería guiada por la pasión por la perfección, el desempeño, el hacer historia.

En los últimos años la imparable llegada de la electrificación ha cambiado el paradigma de cómo deberemos de movernos en los próximos años: la eficiencia y el costo por encima, incluso, de la diversión.

Y tiene sentido, una nueva tecnología más costosa que además tiene que democratizarse por exigencias del gobierno, puso a las marcas a concentrase en muchas otras cosas antes que en dar la conexión que debe haber entre un auto y su conductor.

Recuerdo perfecto en noviembre del año pasado, durante las pruebas que hacemos del World Car Award en Pasadena, California, en donde probamos decenas de autos que se lanzaron en el año y que son candidatos a ganar reconocimientos, mi colega Fred y yo discutíamos sobre lo sosos que se han vuelto la mayoría de los eléctricos: sí, aceleran durísimo, son silenciosos, efectivos, pero sentíamos que faltaba algo de alma.

Es verdad que estamos ante las primeras o apenas segundas generaciones de estos modelos  y que seguramente las cosas cambiarán según pase el tiempo y haya mayor evolución, pero sentíamos que seguía faltando conexión entre el auto y el conductor, tal y como los icónicos autos de gasolina la tienen.

Y entonces pude probar el Hyundai Ioniq 5 N, un auto que me sacó una de las sonrisas más inesperadas que un eléctrico pudiera motivar; extrañamente este eléctrico de alto desempeño (como le llama Hyundai) permite algo que mecánicamente no ofrecen los eléctricos: realizar cambios como si tuvieran una transmisión.

Los EVs tienen una sola relación de la caja, no necesitan varias por el rango de entrega de par de estos motores es inmediato, constante y amplísimo. Sin embargo, Hyundai quería que su auto fuera divertido, que generar conexión con el conductor y emocionara.

La marca se jugó una carta durísima pues corría el riesgo que estos cambios simulados por sonido artificial y jugando con los motores eléctricos para simular las “patadas” de la caja no lograran el objetivo; pero vaya que lo consiguieron.

El Hyundai Ioniq 5 N fue elegido por nosotros, los 100 jurados de 29 países del World Car Award, como el mejor auto deportivo del año.

Sé que quienes lean estas líneas no crean ni un poco que un auto que simula cambios y sonidos de un auto con un motor turbo de 2.0l y caja de doble embrague de 8 sea divertido de manejar.

En los videos y notas que he escrito le han dicho de todo, hasta le han catalogado como una horrenda hamburguesa de soya; lo cierto es que el auto a mí me ha dejado una enorme esperanza de que la movilidad eléctrica tiene un espacio en el futuro de conexión realmente divertida con el conductor, que ustedes también tendrán una vez que manejen esta joya. Se los garantizo.

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